Reproducció d´una conversació-entrevista versant el projecte per a la revista Verlanga

¿De dónde surge tu afición/fascinación por la montaña?

Tengo recuerdos desde bien pequeño, pero la relación ha sido intermitente a lo largo del tiempo. Desde hace unos 7 u ocho años se ha intensificado, no sabría decir de dónde viene exactamente la afición, supongo que uno vuelve a los lugares donde se siente bien, a gusto. Las razones concretas son difíciles de explicar y resumir; es algo a lo que he tratado de dar respuesta con el proyecto.

 Cuéntanos como nace la idea de “El porqué de subir una montaña”.

En el contexto de un máster de Fotografia orientado al arte contemporaneo, tras conocer y estudiar trabajos de artístas con sólidas bases conceptuales y muy influenciado por gente como hamish fulton o richard long. Entonces, surgió la necesidad de llevar al cabo el proyecto para dar respuesta a algo a lo que no encontraba explicación satisfactoria. Una respuesta muy personal.

Uan publicación con imágenes, textos y mapas que son un diario sobre cuatro montañas diferentes. ¿Cuáles son y por qué elegiste cada una de ellas?

Creo que en el texto de donde has sacado esto decía, “diario de una experiencia”, es importante lo de la experiencia, porque es el retrato de una experiencia subjetiva. Un mensaje propio que pretende ser comunicado y explicado a través de las imágenes. La idea de los mapas y las rutas que muestro tienen que ver con eso, es importante plasmar la experiencia real y el lugar donde fueron tomadas las imágenes, pero las razones por las que elegí esta o aquella no creo que sean muy relevantes. Lo importante es el mensaje. Aunque es cierto que la idea nació en el Toubkal en Marruecos, revisando las fotografías que me traje de allí me di cuenta de que había algo diferente, había cambiado algo la mirada, ya no había fotografías clásicas de paisaje. Había comenzado algo, aunque en ese momento no me di cuenta. El resto son en Pirineos, y en la Tinensa de benifassà, al norte de Castellón.

Has utilizado la cámara analógica de 35 y 120 mm. ¿Cómo se deja fotografiar la montaña? 

Pues pienso que bien y mal y depende de lo que vayas buscando. Personalmente iba huyendo de la imagen clásica de montaña, de la foto-postal, de la silueta del relieve o la cima. Cuando uno se enfrenta a sacar una fotografía de la montaña tiene que asumir el hecho de que ésta es inabarcable, nunca va a quedar contento en relación a la sensación subjetiva que uno tenía al estar allí. Mi estrategia pasaba por la fragmentación, intentar huir del concepto de horizonte, que es la base de la fotografia de paisaje clásica.

La idea era captar sensaciones durante la actividad y hacer de las partes un todo. Esta idea sirvió como base para el diseño de la publicación, fragmentada; Va en pliegos sin grapar, se puede montar y desmontar, se podría decir que es un poco interactiva y hay un aparente desorden que no es tal. Hay códigos para guiarse como en un mapa.

Las razones de trabajar en analógico, a parte de otras cuestiones, fundamentalmente tiene que ver con el método. Te obliga a ir mas despacio y a pensar muy bien los encuadres, lo que te obliga a reflexionar más. Cuando subes a 3000 metros con una cámara de medio formato mas el tripode y sólo tienes 30 disparos. Uno se lo piensa muy bien antes darle al botón.

Apuntas a la fragmentación, a la geología y al tiempo como las nuevas claves para explicar la experiencia en la montaña. Explícanoslo. 

Mi intención era ir mas allá de las explicaciones tradicionales relacionadas con lo sublime o lo salvaje. Intento explicarlo en el texto que acompaña a las imágenes. Pienso que era importante añadir texto para que las fotografias funcionasen mejor. Es un texto premeditadamente evocador, quería dejar espacio a la imaginación del lector. No quiero imponer mi visión. Para mi el tema tiene que ver con el tiempo, cuando vamos a la montaña asistimos en directo y de una forma muy real a una experiencia de tiempo que esta muy lejos de la escala humana, me refiero al tiempo geólogico, a los millones de años que necesita una montaña para nacer y erosionarse hasta la forma actual por la que podemos caminar o escalar. Esa experiencia temporal genera un desajuste, probablemente inconsciente. El alpinista en su experiencia entra en contacto con el “tiempo profundo”, la actividad amplifica la percepción en un viaje a los orígenes de la historia de la tierra. Este tipo de sensaciones difusas y díficiles de identificar son las que he tratado de explorar en el proyecto. Una fuerza etérea pero muy presente que trae humildad y claridad y que quizá por eso nos ayuda a entendernos a nosotros mismos. Las imágenes hablan de eso; es una especie de (re)conexión.

 ¿En tus rutas por la montaña te consideras un fotógrafo, un montañero…?

Cuando iba a la montaña con el equipo para llevar a cabo el proyecto, intentaba disolver las dos cosas, por un lado necesitaba de las sensaciones alpinísticas relacionadas con las cuestiones que he comentado, aunque el simple hecho de haber llegado hasta allí, ya te da muchas cosas. En ese sentido la montaña es generosa. Y por otro la conexión con la imagen. Había que esperar el momento, como un cazador. Esa ventana de fragilidad y emoción cuando ves lo que estas buscando sin saber muy bien lo que es. El resto de las veces, solo me considero uno más.

 

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